El asesino

Este es el primer cuento de un autor invitado en mi blog. Tengo el honor de que mi primer invitado sea mi hija Julieta. Ella, que ahora tiene 11 años, presentó este cuento en un concurso literario y ganó el premio al mejor cuento en su categoría.

No solo es un honor sino que, además, es un orgullo inmenso.

Espero que lo disfruten tanto como yo

Max

EL ASESINO
por Julieta Goldenberg

Capítulo 1

Entré a ese frío cuarto. La luz apenas iluminaba la cara de Inés. Al escuchar ruidos la joven se dio vuelta y me miro con disgusto. Me di cuenta de que no le gustaba mi presencia. Me senté en su cama y me quedé mirándolac. Al fin habló. Dijo un hola ahogado como si hubiera llorado antes. Ella sabía lo que había pasado y lo había entendido muy bien. No había explicación para eso. No sabía que decir. Capaz, lo mejor es no decir nada e irme, pensé. Eso haré. Me levanté, Inés volvió a mirarme. Crucé la puerta y me sentí un completo tonto.

Llegué a mi casa y me tire en el sillón. Me quedé mirando el techo para poder recordar bien lo sucedido. Alguien tocó a la puerta. Me paré y fui a abrir. Inés entró a la casa con la cabeza baja y fue hacia la mesa. Todavía le caían lágrimas de los ojos.

-¿Por qué?- Me preguntó rompiendo ese silencio incómodo.

La miré para que entendiera que ni yo sabía por qué lo hice. Inés me entendió. Se paró y se fue como entró, con la cabeza baja y lágrimas en los ojos.

Agarré el auto y salí sin destino alguno. Terminé en una plazoleta desierta. Solo con un banco oxidado y una hamaca caída. Fui hasta el centro, me acosté sobre el pasto mojado y cerré los ojos. Pude oír el canto alegre de los pájaros, el olor de los jazmines y la textura del pasto en mi espalda. Me olvidé de todo por unos minutos.

 Capítulo 2

Me senté en la silla de la cocina a leer el diario. Lo que temí que sucediera sucedió. En la primera plana del diario decía en letras grandes “Asesinato anónimo” con el anónimo se referían a mí y con el asesinato a mi hermano muerto. Un escalofrío pasó por todo mi cuerpo. Temía que la policía supiera que fui yo y me llevaran preso. Nunca pensé que tanta furia me hubiera llevado a matar a alguien. No sabía si entregarme o culpar a otro. Decir que fui yo sería muy duro y culpar a otro sería de mala persona. La segunda opción se tachó de la lista. Solo queda pensar si ir o no. Si decirlo o no. Todo era muy confuso desde esa tarde oscura en un pequeño callejón. Mejor no recordar ese momento. La sangre de mi hermano pasándole por toda la cara y su cuerpo blanco como un papel… No, ¡no! No voy a pensar más en eso.  Cerré el diario y me fui a acostar. Agarré de la mesa de luz un libro de Sherlock Holmes. Siempre me ayuda a tranquilizarme. No funcionó.

Johana, la esposa de mi hermano, me abrió la puerta y me miró con disgusto. Me dirigí hacia el cuarto de Inés pero la madre me dijo que no estaba. Dije que la esperaría pero  ella se negó a tener a un asesino en su casa. Me resigné y me fui.

Ya era de noche y empezaron a caer gotas. Me subí el cierre de la campera hasta el cuello y me puse la capucha. Caminé varias cuadras hasta llegar a una pequeña iglesia abandonada. Entré y me senté en el último banco. Las telarañas colgaban sobre el techo y el púlpito estaba roto. Me acosté y cerré los ojos. Tenía sueño y mi casa estaba lejos de allí. Cuando dejase de llover iría. Fui un tonto por no traer el auto. Mientras mi cuerpo se acomodaba se oyó un ruido que me sobresaltó.

 Capítulo 3

En esa puerta oxidada se vio entrar la figura de un adolecente. Cuando entró parecía borracho y no me equivocaba. De su bolsillo trasero sacó una navaja. Tenía miedo. Las manos me empezaron a sudar y las piernas me temblaban. Quería escapar pero ya era tarde. El chico se me acercó y me tiro contra la pared. Busqué sobre su hombro algo para defenderme pero no encontré nada. Metí mis manos en los bolsillos y no encontré nada. Solo un milagro me podría salvar de esto. Ya me resigné y me imaginé en una tumba. Mis padres llorando y la mujer de mi hermano contenta. Cuando volví a la realidad este chico ya no estaba. Ahora en frente mío había una silueta más grande. Luego pude reconocer a un policía que se quedó mirándome. Le di las gracias y me fui caminando rápido para que no pudiera preguntarme quién era.

Me desperté, me preparé unas tostadas y leí el diario. “Un chuchillo causó todo” La noticia me puso nervioso. Fui hacia mi habitación y busqué en mis cajones. Qué imbécil, dejé el cuchillo arriba del cadáver. Volví hacia el comedor y continué leyendo.

“La semana pasada hubo un asesinato anónimo,

el asesino no dejó huella alguna.

Hoy se ha encontrado el cuchillo causante de la muerte.

Se investiga el caso.”

Me puse más nervioso todavía. La policía iba a encontrarme ya que puede distinguir las huellas digitales. Tenía que irme. Dejar mi casa, dejar mi vida e irme. No podía. No tenía a donde ir. El diario es nacional y si saben quién soy se iría todo al diablo. Excepto que me cambiara el nombre y me hiciera una operación en la cara. Eso tampoco es una solución. No había caso. Tarde o temprano me iban a descubrir. Me tiré en mi cama e intenté dormir. No podía. Estaba muy nervioso. Antes de que me metan preso y vivir con culpa para siempre tenía que resolver el problema con mi sobrina, Inés.

 Capítulo 4

Llegué a la casa de mi hermano y toqué la puerta. Johana la abrió y a verme su rostro se ensombreció.

– Inés está. Pasa y ándate pronto.

La casa estaba llena de cajas, los muebles vacíos y las paredes despintadas. Sin tocar la puerta entré al cuarto de Inés y me choqué con ella. Retrocedió unos pasos y luego con una fría voz dijo algo que me sorprendió:

– No te esperaba acá, Martín.

Me dolió que me hubiera llamado por mi nombre en lugar de tío.

– Perdón- le dije a punto de ponerme a llorar. No podía creer todo lo que estaba pasando, todo esto se me fue de las manos.

– No hay por qué pedir perdón. Lo hecho está hecho y no se puede volver atrás. En todo caso, andá a la tumba de mi padre y pedíle perdón a él. Dijo con frialdad. Al terminar de decir eso se dio vuelta y empezó a guardar cosas en una caja amarilla.

– ¿Se mudan?- pregunté esperando que no me tratara como alguien lejano que no conoce.

– Sí, al campo. Demasiados delitos en Capital.

Eso me dolió más todavía. Intentando disimular las lágrimas me di media vuelta y me fui. Me sentía peor que antes.

Llegué a mi casa y no pude entrar Diez policías estaban impidiéndome el paso.

– Martín Copstayo, queda detenido por asesino.

Al fin y al cabo esto iba a suceder.

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