Mauricio Almadébil, un alma… débil

Cuando Mauricio Almadébil publicó su libro de poemas “Yo no le canto a la luna, porque es un astro y para astros estoy yo”, el mundo del tango y la melodía arrabalera se alegró de sobremanera. Nunca se supo si fue porque Almadébil dejaba el canto pero lo concreto fue que todos lo felicitaron e impulsaron su nueva vocación.

Almadébil era muy conocido en el ambiente tanguero por sus canciones de contenido fuerte y concreto. En ellas las mujeres no solo dejaban al macho con el corazón roto sino que, además, gozaban con el asunto. En su tango “La chiruza me sopapeó” cuenta como Nélida deja a Roberto Roberti con las manos llenas de pompas de jabón. Porque Roberti estaba lavando los platos cuando Nélida le espeta que su amor no es mas tal. Dice el tango:

Mientras mis ojos se nublaban
yo supuse que era el final
mas si su amor no era tal
¿por qué entonces me siguió?
Ella era una chiruza cualquiera
que yo rescaté del barro
¡Pobre santa! pensaban todos
cuando yo la socorrí.
Ella ahora me dejó, me dejó por tí

Muchos amores se le atribuyeron a Mauricio Almadébil durante su vida, pero quizás el más escandaloso fue el que aparentemente mantuvo con el famoso travesti Mirta Petrozzi.  Nunca se los vió juntos, sin embargo, el tango “Me molesta tu barba” nos da indicios sobre el romance fugaz pero no menos intenso:

Cuando el balero me falla
cuando la carburadora me estalla
el bobo me habla y yo no quiero
no quiero saber que te quiero
Cuando la azotea me maquina
me dice que lo nuestro va a la banquina
Yo te rajo y me siento una larva
te rajo porque me molesta tu barba

Almadébil siempre negó el romance. Incluso en aquel frío Julio, cuando Petrozzi murió, se lo vió por los alrededores del funeral. “Soy del barrio” dijo el tanguero cuando se le preguntó por su aparición repentina. Las revistas del corazón titularon “Almadébil: Un alma que pena… ¡ qué pena !” con fotos a todo color de Almadébil abrazado a cuatro docenas de girasoles, con la mejilla apoyada en un poste de luz y los ojos cerrados. “Ella ama a los girasoles, porque ella decía que no giran con el sol sino que ellos hacen girar al sol, que es muy distinto” decía siempre sin referise a nadie pero refiriéndose solamente a una sola persona.

Dicen los que pasaban por allí que lo escucharon recitar los versos de su poema “No te vayas sin irte” mientras lloraba, desconsolado. Mientras el aliento escapaba de su boca transformado en vapor por el frío de esa tarde noche, recitó:

No te vayas sin irte
vete vete de su lado
no puede resistirte
ve tevé, toma té
por eso él, él no te ve

Luego de la pérdida de Petrozzi, Almadébil dejó de frecuentar los círculos que solía frecuentar. Fue entonces cuando comenzó a frecuentar otros círculos. Eran círculos que, a su vez, tenían otros círculos internos mas pequeños donde Mauricio se sentía a gusto. Cuanto más pequeños eran estos círculos, más contento y tranquilo se sentía Almadébil. Allí escribió su famosísimo tango “Me concentro en mis círculos concéntricos” con el que giró alrededor del mundo. En su giro mundial se detuvo cual calesita sin cuerda en la mítica ciudad de Aei Oú, en la parte sur de Burkina Faso. Allí se radicó durante quince largos años en los que escribió y publicó el libro de poemas. Su éxito fue singular. Singular no por la curiosidad del suceso sino porque solamente se vendió un ejemplar. O se perdió. Nunca se supo. Porque, como dice Almadébil en su poema “Perdí todo menos la vergüenza, por eso no me animo a hablarte”:

La historia se termina
menos la vida que camina.
Nunca se supo que fue de ti
y eso es mucho mas de lo que se de mi


[texto bajo licencia Safe Creative / todos los derechos reservados]
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3 comentarios en “Mauricio Almadébil, un alma… débil

  1. Las crónicas de don Mauricio son un lujo. Se siente, se siente, Maurico está presente!
    Respecto a Roberto Roberti, que no puede ser otro que el primo de mi señora madre , le pasa lo que a todos los Robertis, lo mandan a lavar los platos

  2. TALENTO… asi se llama el don q tenes

  3. Que una tarea como lavar platos haya sido una cierta constante en varios Roberti no revela la existencia de almas débiles como Mauricio, sino, un elevado criterio de higiene, orden y confort para sus familias y en especial sus esposas.

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