La plaza

Yo no te voy a la plaza. Así nomás te lo digo. Primero, porque primero lo primero, es que no te voy porque no tengo ganas. Pero así como te digo eso te digo lo otro. No voy a la plaza porque ya bastante tengo con mis quilombos como para ir y amargarme mientras se me llenan de arena los zapatos. Porque no hay forma de caminar por el arenero sin que se te llenen los zapatos de arena. Salvo que vayas con ojotas. Lo pensé, no te lo voy a negar, pero ponerme ojotas con el traje me parece que no va.

Por otro lado, pensá lo que significa ir a la plaza. Llegás y es enfrentarte a los avatares de la vida misma en una tarde. Ves pasar la vida misma con sus miserias en frente de tus ojos. ¿Y eso para que? Ya bastante tengo con el trabajo en el banco para, encima, ir y amargarme.

Ya desde el vamos pensá esto: llegás y la arena se te mete en los zapatos, haciendo difícil el andar. Caminar se hace pesado, te pican los pies, depende de vos llegar hasta algún lado. Como en la vida. Nada es tan fácil como parece. Decís “voy para allá” y empezás a caminar. Pero el camino se te hace pesado. Ya lo decía mi santa madre: “Caminá porque upa no te voy a hacer”.

Después tenés los juegos, si se pueden llamar así. Esa fábula de “pasarla bien” yo no me la trago, ¿qué querés que te diga? ¿Qué tiene de bueno el sube y baja? Es la puja por el poder corporativo. Así nomás te lo digo. Uno en una punta y el otro en la otra y, para subir, para llegar a lo más alto, otro tiene que bajar. Y si querés mantenerte en lo alto, allá arriba donde nadie puede llegar, el otro se tiene que quedar abajo, agachado, sentado en el piso prácticamente.

¿De dónde te pensás que viene “las vueltas de la vida”? De la calesita querido. Así como lo oís. Vos te subís a la vida misma de pequeño, como en la calesita. Y la vida empieza a dar vueltas, como la calesita. Y mientras gira y gira, vos escuchás música, te subís a un caballo, a un helicóptero, andás en auto, en barco. Y, lo peor, es que creés que estás avanzando pero estás en el mismo lugar. Se termina la música y se acaba todo. Y te bajás como te subiste, a veces mareado. Pero te bajás. O te bajan. Y, encima, te ofrecen las “zanahorias” que te dan los gobernantes o los jefes. Algunos le dicen “bonus” ahora pero es ni mas ni menos que la sortija. Vos creés que te ganaste el premio porque sos especial, sos mejor que el resto. Pero la verdad de la milanesa es que el pibe que da la sortija elige a quien y cuándo darla. No es triste la verdad, lo que no tiene es remedio como decía el gallego ese que canta. Lo que no tiene remedio es este flan de mierda que pedimos de postre. Pidamos otra cosa, Roberto, haceme el favor.

Y ni hablemos de las hamacas. Vas, venis, vas, venis. Podés estar así todo el tiempo que quieras hasta que parás y ¿qué pasa? Estás en el exacto mismo lugar donde estabas cuando empezaste. Podés elegir saltar cuando la hamaca está en lo más alto para así llegar mas lejos. Pero si calculás mal podés caer donde estabas y, encima, te ligás un golpe en la nuca. Y si lográs caer un poco más allá, te hacés bolsa las piernas en la caída. ¿Alguna semejanza con la vida diaria?

No me mirés así… es la verdad y lo sabés. Igual la calesita y la hamaca no son los peores de todos ¿eh? El peor, el mas dañino, es el tobogán. Ese juego debería prohibirse directamente. Hay que erradicarlo de todas las plazas mundiales sin dudas. Es el mejor ejemplo de la basura institucional que te meten desde que sos un pibe. Y cuanto más alto es e tobogán, peor. Pensalo bien y pará de mirarme de esa forma. Sopesá esto: vos, en la vida, en el trabajo o donde carajos sea empezás a subir. Lento, con temor, agarrándote de donde puedas, pisando firme cada escalón para no caerte. Algunos miran para arriba y se asustan. Entonces se bajan. Otros siguen y siguen hasta que llegan a la cima. Ahí disfrutan de la vista, del aire que te pega en la cara, refrescante, se sientan un rato y de pronto viene otro atrás tuyo y tenés que bajarte. Y no bajás lento. No. Bajás al doble de velocidad. Rápido. Casi ni te das cuenta y ya estás con el traste en la arena nuevamente, llenándote los zapatos otra vez.

Yo prefiero ir, mirar todo desde afuera y comerme un regio algodón de azúcar. Es esa cagada que te metés en la boca y desaparece por arte de magia. Dicen que es como comer una nube. Digo yo: ¿quién mierda comió una nube alguna vez en su puta vida? Me indigna. Tanto como la manzana acaramelada con pochoclo pegado. Decime algo: ¿quién fue el mal parido que inventó eso? Porque no sé si es una golosina o una fruta. Le pegás un mordisco y, si de casualidad no te sacás un diente, te queda el caramelo pegado en la dentadura durante doce días. Está comprobado. Lo mismo pasa con los pirulines. ¿Te acordás del Negro Gonet? Estuvo chupando un pirulín durante seis horas hasta que se dio cuenta de que no había terminado de sacarle el envoltorio. Porque es técnicamente imposible pelar un pirulín en su totalidad. No jodamos.

Te lo digo y no te lo mando a decir, Roberto. Lo de la plaza está mal parido desde el comienzo. Mejor pidamos la cuenta que se me hizo tarde y la sopa inglesa me cayó mal me parece.

Lo que me cayó mal es que se llame sopa a un postre que es una torta. Mi santa madre siempre me decía lo mismo: “Tomá la sopa porque sino te doy un tortazo”. Creo que por eso no me lo trago. Ni a la torta ni a la sopa ni a los ingleses.

Y, ahora que lo pienso, a mi santa madre tampoco.


[texto bajo licencia Safe Creative / todos los derechos reservados]
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7 comentarios en “La plaza

  1. ¡Ahhh! ¿Por eso es que las plazas están todas entre rejas?

  2. Hola! Hacía mucho que no andaba por estos pagos… La parte de la calesita y el tobogán son MUY buenas. Como siempre digo es “TAL CUAL”!
    jajaja Besos!

  3. Tiene este relato paradojal, costumbrista, una mirada infantil y a la vez ríspida de la realidad. Además, de una desesperanza kafkiana.

  4. Me encantó!!!!!!!!!
    Besos!

  5. Muy bueno! (Ahora no se me ocurre nada mas inteligente que decir, y la verdad me gusto, asi que, esta todo dicho!)

  6. Pingback: La plaza = la vida misma? (humor)

  7. jajajaja MUY bueno!
    Sos un Marxista placero! Te falto decir q la plaza aliena al hombre nomas!
    jaj otra vez, muy buenoo.

    Saludos

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