El mata anécdotas

– Resulta que estábamos los cuatro metidos en medio del aguacero. Íbamos por la avenida Rivadavia para el lado del congreso y se largó la lluvia que, te digo y no te miento, se venía el cielo abajo… aunque ahora que lo pienso esa frase es una tremenda boludez. ¿O no? ¿Para dónde se va a venir el cielo si no es para abajo? ¿Para arriba? Para arriba no puede porque ya está para arriba, ¿me entendés? En fin… la cuestión es que estábamos ahí, metidos en el auto y el agua subía y subía. El julepe que nos pegamos ni te cuento… porque pensábamos que nos íbamos a ahogar ahí adentro. ¿Me entendés? La Cuqui gritaba como loca del miedo. “Eso te pasa por no ir a natación” le decía Luli que no deja pasar oportunidad para echarte algo en cara. Todos a los gritos, todos asustados. Te juro que pensé que nos ahogábamos adentro del auto. A la final, paró la lluvia y no pasó nada. Pero el cagazo no te lo saca nadie.

– ¿La Cuqui hizo natación a la final? – preguntó el Loro

– No podés preguntar eso, Loro.

– ¿Por qué no? Quiero saber si es así o no

– ¿Sabés lo que sos vos, Loro? Sos un mata anécdotas. Siempre preguntás algo que hace que todo lo que el otro cuenta pierda interés. Casi te diría que pierde credibilidad, Loro. Preguntás esas pelotudeces y todo cambia.

– ¿Yo qué hice ahora? solamente me intereso por el tema… los pequeños detalles hacen a la cosa.

– ¿A qué cosa? – intervino Cagorcha desde la otra punta – El Rengo tiene razón. Yo me acuerdo el otro día cuando les conté que a mi vieja se le había muerto su tía y que ella siempre decía que la gente se moría como vivía. Si vivís disfrutando, pumba: te morís de pronto, en la tuya. En cambio, si vivís quejándote, sufriendo seguro que te morís de alguna enfermedad de mierda, tirado en alguna cama. A mi me impactó. Bah… a todos nos impactó. Nos quedamos callados, pensando en lo que acababa de contar cuando el pelotudo del Loro ¿qué preguntó?

– Pregunté si la tía era buena persona.

– ¿Y qué tiene que ver eso con lo que yo contaba, Loro? Lo importante es otra cosa. Lo importante es si una persona es buena o vive buena onda… ¿sabés qué? dejá Loro. Dejá.

– Pará… no dejes nada, Cagorcha – volvió sobre el tema El Rengo – es verdad lo que decís. Porque este salame del Loro te rompe la magia de lo acontecido. Te mata la ilusión, la idea original. Porque yo me acuerdo cuando casi me mato en ese choque en cadena de la ruta del mes pasado cuando una bicicleta atropelló a un mono que estaba durmiendo en el medio del camino y atrás de eso chocaron como veinte autos incluído el mío. Yo venía escuchando el resumen del partido del domingo y, distraído como estaba, casi me mato contra el Ford Falcon del Gutierrez. Bien que le hubiera venido bien a ese marmota si le hacía mierda ese auto viejo y roto así el Gutierrez lo cambia de una vez. En fin, yo estaba asustado, compartiendo ese momento donde la vida y la muerte se cruzan pero no se saludan cuando este va y pregunta…

– Pregunté de qué marca era la bicicleta – interrumpió el Loro

– Sos un mata anécdotas, Loro. Perdoname que te lo diga. Estás casi a la misma altura que los yeta. ¿Viste lo que pasa cuando entra La Yoli a cualquier lado? Todo el mundo se toca las bolas por miedo a que La Yoli los engualiche con su mala espina. Bueno… con vos va a pasar lo mismo, Loro. Vas a entrar y todo el mundo se va a quedar callado.

– Porque a nadie le gusta quedar como un pelotudo, como alguien que cuenta por contar sin sopesar los vericuetos de la trama de lo vivido, Loro – ayudó Cagorcha mientras se sacaba un pedazo de grasa del salamín de alguna muela en el fondo de su boca

– Cuando vos preguntás esas boludeces, Loro, todo lo que se acaba de escuchar se desvanece en el aire. Tirás un manto de duda sobre el relato porque si no se sabe la respuesta a tu pregunta queda la sensación a verso. A chamuyo, a sanata. ¿Se entiende, Loro?

– Se entiende. Pero, para mi, no es tan así. Muchachos: yo pregunto para profundizar no para quemar a nadie. Yo pregunto porque mi curiosidad puede mas que unos cuantos. Yo pregunto porque que me gusta. Yo nací para preguntar

– Entonces hubieras sido periodista en vez de remisero, Loro. Dejate de embromar

– Ya te parecés a La Tita, que siempre me repregunta todas mis preguntas. “¿Qué hay de comer?” le digo. “¿Vos qué querés comer?” me dice ella. “¿Vamos al cine?” “¿Vamos?” me responde la hija de mil putas. Es una experta. Es la búmeran en mujer. Le tirás una, vuelve otra. Te pasa la responsabilidad de la decisión. Si algo sale mal, es culpa tuya. Porque, cuando decidís, también te pregunta. “¿Vamos al cine?” “¿Vamos?” “Si vamos. ¿Vemos la de Darín?” “¿Te parece?”. Así podemos estar toda la noche. Es increíble pero es así. Decí que la quiero que sino…

– Hablando de toda la noche – se acordó Cagorcha – ¿Te acordás, Rengo, de la hermana de Timoteo? El del taller que está a la vuelta del almacén del gallego Rubinstein. Bueno, la hermana de Timoteo parece que está en la joda. Que va a ese boliche donde se cambian las parejas. No se como se llama.

– Swinger – dijo El Rengo

– No. Swinger no. Se llama “En parejas” o algo así

– No no… swinger es la hermana de Timoteo

– ¿Me estás jodiendo, Rengo? la hermana de Timoteo se llama Amanda

– Olvidate Cagorcha. Seguí – se resignó El Rengo

– Bueno… la Amanda parece que va con cualquiera que quiera ir a ese lugar

– Swinger

– “En parejas” se llama. Si vos le decís de ir. Ella va. Total, vos solamente tenés que ir y cambiar de pareja con otros y listo. Vos te vas con la mina y ella se va con el tipo. Impresionante. Me contaba la Amanda que ahí hay muchas habitaciones pero que hay una con pileta donde todos se meten adentro y se arma la fiesta. La festichola… ¿se entiende, no? Vos te metés y están los demás, cada uno en la suya, pero todos ahí adentro dale que te dale. Vos vas con la mina del otro, la que cambiaste por la Amanda y te metés al agüita. Que bueno que debe estar… Porque elegís a la mina que mas te gusta, como en el cabaret de Don Figueroa, pero no pagás. Y, además, te metés en la pile. Todo en uno. Yo le dije a la Amanda que me avise cuando quiera ir porque lo de la pileta es un sueño para mi.

– ¿Te hacen revisación antes de entrar en la pileta? – preguntó el Loro

El silencio que se hizo en el bar fue tan grande que se escuchaba como cantaba el canario del sordo Lopez, tres cuadras abajo. Cagorcha se quedó quieto, con el dedo índice y el pulgar unidos dentro de su boca, en pinza, tratando de alcanzar un pedazo de mortadela del sánguche que se había quedado atascado. El Rengo miraba en dirección al Loro intentando buscar la palabra justa, el insulto que resuma todo lo que pensaba. El Loro levantó las cejas mirando el televisor que anunciaba el comienzo del segundo tiempo entre Santa Cruz Unidos y Los Matreros.

– Capaz que este año se nos da – dijo el Loro

– Capaz – respondió Cagorcha

– Capaz – repitió El Rengo

Se escuchó el pitido del árbitro, y empezó el segundo tiempo.


[texto bajo licencia Safe Creative / todos los derechos reservados]
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6 comentarios en “El mata anécdotas

  1. El Loro me hace acordar mucho a un personaje de la vida real en el cual debés haberte inspirado. Me reí mucho porque lo vivimos en vivo y en directo. El mata anécdotas es lo más! Igual lo queremos!

  2. Excelente, Max, me encantó. Lástima que le sobren como 300 palabras para ponerlo en Breves no tan breves…

  3. Pero al final… como terminó el partido?
    Jajaja!! Excelente Max!! un abrazo!!

  4. Perceptivo, observador… tenés la cualidad de ser protagonista capaz de ponerse afuera y dar testimonio.

  5. Es terrible que a veces uno es el Loro, sin darse cuenta le arruina la historia a otro (que encima de exagerada era verso). Entonces quedás vos mal y encima le haces ganar el mote de mentiroso al otro. Un amigo.

  6. A mí el Loro me encantó… Porque me parecieron hiper pertinentes sus comentarios. Te muestra el lugarcito de la anécdota en el que la mayoría de la gente no repara…

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