Dame un beso, Kiss

–    Hola cabo Kiss
–    Uy, no empecés Pato.
–    Cabo, lo acabo. Allá yo, acá vos.
–    Pato… no podés ser tan pelotudo
–    Se lo digo de cabo a rabo, cabo: esto acabó. No de cabotaje: en Cabo de Hornos, en Cabo Cañaveral, en Ciudad del Cabo. Lleve a cabo, cabo, lo que le acabo de decir.
–    ¿A vos te pagan por decir boludeces? Me parece que estás en cualquiera. Te burlás de mi
–    Escuche cabo Kiss, yo no me burlo de su investidura. Después de todo, el que habla es un masculino de aproximadamente treinta años de edad que se hace presente en el domicilio del cabo antes mencionado cuyo apellido se puede traducir como “BESO”. El dicente lo saluda propinándole un beso al precedentemente nombrado cabo Kiss o Beso en la mejilla derecha al mismo tiempo que con la palma de su mano izquierda le ofrece dos golpecitos en el homóplato derecho del oficial de la policía. Este golpeteo es aceptado por el cabo Kiss o Beso como parte del ritual masculino de salutación confraterna repitiendo simultáneamente el cabo Kiss o Beso el mismo procedimiento para con el dicente, de tal manera que se puede colegir que existe una amistad entre los masculinos.
–    Pato, te lo digo en serio. Cortala. Yo no te jodo a vos con tu laburo o tu apellido. ¿Te gustaría que lo hiciera?
–    En ese instante el cabo Kiss o Beso procede a intimidar al dicente de manera virulenta atosigándolo con improperios y amenazas para con su trabajo y/o el apellido heredado de su progenitor masculino. Esta provocación origina una discusión entre el dicente y el cabo Kiss o Beso que no lleva a nada. Porque Nada posee movilidad y se desplaza por sus propios medios o automóvil.
–    Decí que te quiero sino… te mato, Pato.
–    El cabo Kiss o Beso procede luego a chantajear de manera improcedente al dicente bajo el engaño de entrega de amor o cariño a cambio del perdón de la vida. El dicente advierte esta coacción y se rehúsa a entregar su corazón. Mucho menos al cabo Kiss o Beso.
–    La verdad es que no te cansás nunca vos, ¿no?
–    El dicente consensúa con el cabo Kiss o Beso con relación al cansancio, agotamiento y/o extenuación que presenta luego de una charla plagada de improperios y, por qué no, injurias para con él de parte del cabo Kiss o Beso motivo por el cual el dicente decide retirarse al lavabo o excusado para realizar tareas propias del cualquier ser humano o animal que desea expulsar de su interior el material fecal que no desea mantener. Se retira entonces al decir “ME VOY A ECHAR UN CAGO Y VUELVO”.
–    Ah que lindo… con ustedes: el embajador. ¿Ves como sos? Me gastás a mi y terminás siendo un guarango. Como siempre, bah. No se de qué me quejo si siempre fuiste igual. Ahora serás el comisario pero yo te conozco, mascarita.
–    Cabo Kiss… déjese de joder, carajo. Usted me cansó. Será mi hermano pero yo soy el comisario Kiss así que hágame caso y raje de acá. ¿Sabe qué? Archívese Kiss. Archívese.

[texto bajo licencia Safe Creative / todos los derechos reservados]

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Un comentario en “Dame un beso, Kiss

  1. Hola! Trabajo en policía y la verdad que esto me hizo reir mucho. Feclicitaciones, creo que estoy haciendo un poco adicto a este sitio. Muy bueno Max, queremos max.

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