Escuchame una cuestión

– Escuchame una cuestión. Resulta que la Nelly me dijo que está cansada de mi. Bueno, no de mi mismo sino de mis cosas. ¿Viste como soy yo? Tengo mis cositas pero tampoco para tanto.
– Y… en todas partes se cuecen habas
– ¿De qué hablás? A ella le gustarán las habas, a mi me gustan las rabas. Con perejil y un poco de limón. Pero ese no es el tema. El tema es “Corazón de melón”. ¿Lo ubicás? Ese que dice “corazón de melón, melón melón melón melón”. ¿Sabés cuál es? Yo se lo canto y ella se enoja porque dice que el melón engorda y que no la ayudo con la dieta.
– Donde menos se piensa, salta la liebre. Vos ya la conocés, Rober. Genio y figura hasta la sepultura.
– ¿Qué genio? Genio es el Diego, el de la gente. Digo yo: la Nelly es cocinera, le gusta hacer guisos y esas boludeces. Se la pasa viendo en la tele a esos cocineros modernos que cocinan con tres palitos y te hacen un plato con nombre raro y resulta que yo quiero un huevo frito y se arma. Doña Petrona se debe estar revolcando en la tumba. ¿Se murió Doña Petrona, no? Porque si está viva la busco y le hago un monumento, mirá. ¿Tan difícil es que Nelly me haga un mísero huevo frito? Cocina para todos menos para mi.
– Te voy a decir algo, Rober: en casa de herrero, cuchillo de palo
– ¿Y yo que tengo que ver con el herrero? Yo soy mecánico. No herrero. Problema del herrero si tiene cuchillos de palo. En casa hay de todo. ¿Le falta algo a la Nelly? Nada. A mi si me falta. Los martes voy a jugar el fútbol con los muchachos del taller y nunca encuentro los pantaloncitos. “Ay Rober, estoy a mil” me dice. ¿A mil? Mil patadas en el traste le voy a dar. Le compré una plancha hace tres años… ¿por qué no tengo el pantaloncito? ¿Tanto pido yo? Me dice que está a mil… haceme el favor…
– Pensá esto: quien mucho abarca, poco aprieta. Bancatelás. A pan duro, diente agudo, Rober. A falta de pan, buenas son las tortas. O sea. No se debe escupir al cielo.
– ¿De qué me estás hablando? A mi las tortas no me gustan. Yo prefiero un buen churro relleno. Con dulce de leche ¿eh? Porque el que viene con crema pastelera es de maricón. Un buen churro es el que se come con dulce de leche. Esos que mordés y se pianta por la parte de atrás. ¿Sabés cuales te digo? Bueno, esos me gustan a mi. A la Nelly no. Ella quiere las masitas de la panadería de doña Ernestina. “Porque son finas, como yo” me dice. ¿Fina ella? Dejame de embromar… si se saca el orégano de la pizza que le queda atascado en los dientes con la llave del baúl del auto. Hablando del auto… ahora lo quiere cambiar. ¿Cambiar? ¿El auto? Está loca esta mujer. El auto me lo regaló mi papá cuando se murió. Mirá… ya pasaron veinticinco años y todavía me acuerdo cuando me dió las llaves. “Es tuyo” me dijo el viejo. Mirá si lo voy a cambiar… Siempre le encuentra algo.
– A caballo regalado no se le miran los dientes. Eso lo sabe cualquiera Rober. No le des bola. Perro que ladra no muerde. Además si lo cambiás… ¿qué sabés lo que puede pasar? Más vale pájaro en mano que cien volando. Igual, por otro lado, tenés que saber que donde menos se piensa, salta la liebre.
– La liebre que salte donde quiera. El auto no lo cambio. ¿Yo cambié la tabla de planchar cuando se le rompió una pata y tuvo que planchar sobre la mesa de la cocina? Ah… me parecía… No me puede decir nada. Nada. Ene a de a. Nada.
– Es que el pez por la boca muere. Hacés bien. En boca cerrada no entran moscas, Rober. Olvidate. A palabras necias, oídos sordos y que nadie diga: de esta agua no he de beber.
– ¿Qué tiene el agua? Yo de chico tomaba agua de la canilla y no pasaba nada. Ahora la se-ño-ra Nelly quiere agua mineral. “Ay Rober” me dice “comprame la agua”. ¿No conoce otra cosa que “comprame”? Abrí la canilla y mandá la boca al pico si tenés sed. Por favor… habrase visto… “comprame”. Si te hubiera comprado ya te hubiese devuelto, me cacho en diez. Ma qué en diez… me cacho en cien. En mil me cacho. Hablando de Cacho… me dice la Nelly que el Cacho la ayuda a su jermu con las cosas de la casa. Digo yo: ¿no alcanza con romperme el lomo en el taller todo el día para llegar y ayudar? ¿Ella me ayuda con ese Fiat que no se qué carajos tiene que no arranca?
– Rober, la caridad bien entendida empieza por casa. Le tenés que dar una mano a la Nelly. Tan grave no puede ser. No hay mal que por bien no venga. En una de esas se llevan mejor. Pensalo. Hacé el bien sin mirar a quien.
– Es que no puedo. No puedo. Me pide cosas que me ponen nervioso. Yo la cama no puedo hacerla. No puedo. Cuando pongo el elástico de la sábana de abajo en una punta, se me pianta por la otra. No se quién inventó esas sábanas con elástico en las puntas. Antes se ponía una y listo. Pumba, le mandabas lo que sobraba por abajo del colchón y san se acabó. Ahora no. Porque la Nelly se las compró en Brasil cuando fuimos de luna de miel. Ahora resulta que los brasucas hacen todo bien. Me río por no llorar, mirá.
– Mas vale maña que fuerza, Rober. Viste como es la Nelly… mucho ruido y pocas nueces. Rober: a buen entendedor, pocas palabras. Vos cumplile y listo. La dejás contenta y punto. No te rompe mas las bolas.
– La cama no la voy a hacer. Que se vaya a lavar los platos… mal no le vendría. La cocina siempre es un chiquero. La nueva es que sin guantes no quiere lavar los platos. Si me vieja le llegaba a decir eso a mi viejo sabés el cachetazo que se ligaba, ¿no? ¿Querés guantes? Ponete los de invierno que tanto…
– Rober, Rober… Quien siembra vientos, recoge tempestades. No seas gil. El que las hace, las paga.
– Eso es mentira. Yo voy a la rotisería y pago yo, no el que hace las milanesas. Andá a decirle al Juan: “che… rotisero, vos que hacés los buñelos pagalos. Porque el que los hace los paga”. Dejate de joder. A la final no se para qué carajos te hablo y te pido consejos a vos. Flor de amigo resultastes.
– Te voy a decir algo: al amigo y al caballo, no hay que cansarlo. Como el que se va sin que lo echen vuelve sin que lo llamen, me voy.
– Andate… Pero te rajo yo así que no vuelvas sin que te llame. ¿Me oistes? Tomatelás… vos y tus frasecitas… Mirá si voy a cocinar habas con cuchillo de palo. ¿Me escuchás? Yo no regalo caballos ni como moscas. Y si lo hago, no lo pago. ¿Sentiste? La puta madre… Nelly, ¿dónde estás, Nelly? Vení para acá mujer, charlemos. Que el que nace barrigón… que haga dieta Nelly, que haga dieta…

[texto bajo licencia Safe Creative / todos los derechos reservados]

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6 comentarios en “Escuchame una cuestión

  1. Max: Increiiiiiible ese texto. Quiero verte standupeándolo arriba de un escenario! Es un texto muy standup como para bloguearlo y nada mas!
    Saludos.
    Yo.

  2. Genial !!!! hace mucho que no me río tanto con uno de tus textos. Te pasaste! clap clap clap… aplausos de pie. Me imaginé a los personajes con las voces y todo!
    Beso!
    Daisy.

  3. Buenisimooooooooo!!!!!!!!!!

  4. Está de un bueno… lo relei y no lo quiero borrar nunca, es bien sencillo y simpático….

  5. Max sos el Nro. 1!
    Excelente lo de “El que las hace las paga”.
    Gracias por el comentario que dejaste en mi blog, te pasaste… Es decir, fue un gran mini cuento.
    un abrazo!

  6. EXCELEEEEEEEEEEEEEEENTEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE

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