The Oficina: Marketing Gurú

Saliendo de mi grupo de terapia me sonó el teléfono. Gracias a las bondades del caller id, supe que era la gerente de marketing de una empresa para la que tengo la ¿suerte? de trabajar. Aprovechando los 20 segundos que tarda mi celular en mandar cualquier llamada al contestador, sopesé la posiblidad de no atenderla. Pero si la curiosidad mata al gato, entonces menos mal que no fui felino porque estaría más tieso que tabla de planchar.

Atendí y, del otro lado, recibí un: “¿Ya tenés el resumen para la campaña de nuestro próximo lanzamiento?”. Aquí tengo que hacer un paréntesis:

(

Listo. Sigamos.

No tenía hecho nada aún del trabajo en cuestión pero… bueno… es Marketing de lo que estamos hablando, ¿no es así? Entonces decidí que deberíamos reunirnos para poder realmente llevar a cabo mi labor de consultor para que ellos consigan lo que deseaban.

Nos encontramos en la opulenta oficina y comenzamos unos de los brainstormings más fabulosos e ingeniosos en los que he participado. Tan divertido e inteligente fue que nada de lo que salió allí sirvió.

Estancados como estábamos, entró en la sala Gonzalo Tumách. Gonzalo es la estrella del momento en el mundo creativo. Su talento es conocer todas las reglas escritas para romperlas y ser así un outsider, un loquito, un personaje muy requerido por el establishment del marketing corporativo.

Se sentó en la cabecera y apoyó sus dos pies sobre la gran mesa de reuniones. Allí pude ver una de las ojotas mas feas que jamás haya visto. “¿qué pasa, ruso? ” me dijo “¿nunca viste unas ojotas?”. Me guiñó el ojo derecho al tiempo que de su boca salió un chasquido y con su mano izquierda hizo de cuenta que me disparaba un tiro imaginario con su dedo índice.

Miró a todos con la suficiencia de los que no saben nada pero hacen creer a los demás que sí y dijo:

– ¿Qué anda pasando? A ver… escupan que sacamos esto en un salto de iguana (chasquido con dedito nuevamente)

La gerente de marketing lo miró y, asustada, le explicó con pocas palabras las características del producto en cuestión: “Goñi, el producto es bueno pero tiende a recalentar cuando se usa mucho. Además si está prendido cerca de tu cuerpo, te puede producir cáncer”.

Gonzalo Tumách bajó uno de los pies y se mordió la uña del dedo gordo del otro en una clara señal de estar pensando como resolver el entuerto. Estuvo así setenta y seis minutos hasta que, de pronto, se sacó la ojota del pie elevado y se la tiró apuntando a la cabeza del jefe de mercadotecnia pegándole en el medio de la frente. Me miró, dijo “¿Flojo lo mío ruso eh?”, hizo el chasquidito, hizo el tiro loco con sus dedos y se sonó los huesos de las manos.

“Ya está. Vamos a vender al producto como el más caliente del mercado. Es el producto que, al usarlo mucho, te hace apreciar el real sentido de la vida. Pónganle imágenes de un nene, mucha cámara lenta, mucha música de Kenny G. Una pareja abrazados debajo de una lluvia suave, unos viejitos caminando de la mano. Alguna putona fina entrando en una disco sin hacer cola y listo.”

Hizo una pausa mientras aprovechaba para tomar agua directamente desde la jarra. Todo era silencio. En el fondo de la sala, el ayudante de merchandising empezó un tibio aplauso que terminó convirtiéndose en algarabía y vítores.

“Gente… Me voy” avisó Gonzalo Tumách. Mientras salía me miró desde la otra punta de la sala, hizo el chasquido con la pistolita y se fue.

Adentro era todo una fiesta. Habían logrado su cometido. El producto finalmente se convirtió en un top seller en su rubro. Si espera que le diga cual era, es porque no me conoce.

Max

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