Santas perchas, Batman

Siempre se dijo que entre Batman y Robin había mucho más que una simple relación profesional. Que el “Joven Maravilla” en realidad lo era por otro motivo, que Bruno Diaz apadrinaba a Ricardito Tapia por otros motivos y todos los etcéteras que se le vengan a la mente.

En la otra vereda estaba Superman. Aguerrido, el hombre de acero era el invencible. Más rápido que un rayo, más fuerte que nada, no era un pájaro, no era un avión. Era Superman.

Peeeeeeeero, no todo lo que reluce es oro. Porque nos ha llegado a nuestra redacción (siempre quise escribir eso) un material que es muy fuerte. Porque toda esa valentía sin igual, ese “no le tengo miedo a nada” que Superman transmitía ante cada vuelo supersónico se cae como un castillo de naipes.

Porque siempre me pregunté como hacía Superman cuando estaba apurado por ir al baño (por poner un ejemplo) y llegaba a la velocidad de la luz a la fortaleza de la soledad pero tenía que sacarse el supertraje (tampoco entendí qué máquina de coser podía manufacturar ese traje que era antibalas, antifuego, antitodo), las superbotas, la supercapa, el superbombachudo azul…

Y, una vez quitado, ¿dónde lo ponía? Porque Batman tenía los bati-tubos por donde se tiraba y se bati-vestía solo. Pero Superman… Superman andaba todo el día con el supertraje debajo del traje de Clark Kent (capa incluída. No me pregunte como hacía porque yo no puedo meterme la camisa adentro del pantalón…).

Pero llegaba a la casa y ¿dónde lo colgaba?

He aquí la respuesta a este gran dileman que nos acercó nuestro amigo Jonatán Guguel Moleiro:

Superpercha

¡¡¡ La superpercha !!! Es una percha a la que jamás se le dobla el ganchito para colgar. Una percha que nunca pierde la forma y que se le puede caer en un fuego que no se prende. Una percha que resiste todo tipo de inclemencias… menos las kriptopolillas verdes.

Bueno, todo no se puede. Dicen que cuando Batman se enteró de la existencia de la superpercha, lo llamó a Robin y le dijo: “Escuchame bien, joven maravilla… quiero mi batipercha ¿me entendistes? y no quiero un no por respuesta, joven maravilla”

Robin lo miró a través del antifaz minúsculo, se acomodó su capita amarillo patito y, golpeándose la palma izquierda con el puño derecho, dijo: “Santas perchas, Batman… lo conseguiré, zí zí, como que me llamo joven maravilla. Pero el negro no te combina con esos ojazos, mi murciélago nocturno…”

Qué se le va a hacer, estimado lector, gustos son gustos…

Max
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Un comentario en “Santas perchas, Batman

  1. Mmmmm… no puedo! No puedo reprimir lo ñoño que hay en mí!!!

    La ropa de Superman no es indestructible, es su propia “invencibilidad” que genera un campo unos milímetros más allá de su piel protegiendo la vestimenta que lleve puesta.

    Sin más me despido nerdamente.

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