Los ñoquis del 29

– Para mí con salsa boloñesa – dijo el loro Tambarini
– ¿Boloñesa? – le pregunté
– No no, mejor cuatro quesos… ¿no? – me preguntó buscando algún tipo de aprobación
– No sé Loro… ¿a vos te gustan los quesos?
– A mi me gusta la verdad. La verdad de la milanesa. Eso me gusta. – el loro se paró en medio del restorán y, golpeando la mesa con la cucharita de la quesera, aleccionó a todos los comensales – A mi gusta que la gente vaya de frente. Que te diga lo que tenga para decirte. ¿Sabés por qué?
– Bueno… me imagino…
– No, no te imaginás. Vos cre-és que te imaginás pero no . Porque así está la sociedad. ¿Por qué existen las sociedades anónimas? Ma que anónimo ni ocho cuartos. A mi decime las cosas con nombre y apellido.
– Loro, sentate y pedí dale que tengo hambre
– Así estamos… ¿te das cuenta? Uno levanta la voz para decir un par de verdades y lo callan…
– Loro, no te pongás así. Sentate que Braulio está esperando y todos tenemos hambre – le dije intentando que deje de golpear la mesa con la cucharita. Le hice una seña al mozo para que traiga otra panera y un par de mantequitas mientras elegíamos la comida.
– ¿Vos sos medio pelotudo, no? – le dijo Braulio con una franqueza fuera de lugar – te ponés a los gritos por una salsa de mierda. Pedite la boloñesa que tu cuerpo no está preparado para la cuatro quesos. ¿Qué te hacés ahora? ¿El finoli? Si te la pasás comiendo pasas de uva con paté de fuá… dejate de joder y pedí
– Medio si lo mirás con un solo ojo – gritó Papota mientras se iba para el baño
– Pará Braulio – intenté sosegar lo insosegable – que el Loro quiere cambiar. Y no está mal que cambie. De hecho, ya que está, podría cambiarse de camisa que hace diez días que viene con la misma.
– Che, gracias por ayudarme vos ¿eh? – me dijo el Loro mientras se metía un escarbadiente en la oreja buscando vaya a saber qué cosa – Como me pica esto la puta madre…
– Ah… pero que bonito… con ustedes, el conde de Pelotudolandia… sacate eso querés, que te vas a pinchar y vamos a tener que salir de raje y, encima, no voy a poder comer nada. ¿Pidieron ya? – ayudó Totin desde la punta de la mesa
– No me decido… ¿Y si me clavo una salsita Principe de Nápoli? – dudó el Loro
– Vos no te podés decidir entre bañarte o no, menos vas a poder decidir una salsa, querido – terció Braulio – pedite esa con hongos
– Funyi – dijo Papota desde el pasillo volviendo del baño mientras se metía la camisa en el pantalón
– ¿Funyi? – preguntó el Loro quien se auto-contestó – A mi la comida china no me gusta. En realidad no me gustan los chinos. La comida china no me gusta tampoco. Y si hay algo que me indigna, es la muralla china. ¿Qué les pasa a estos? ¿Te molesta algo y te armás una pared? Así no va la cosa viejo. Enfrentá tus problemas… ma que muralla ni muralla… mirá si yo armara una muralla por cada cosa que me molesta… estaría encerrado…
– No estaría nada mal – dijo pensativo Papota con el menú apoyado en la mesa
– Bueno, pidamos – casi ordené yo – ¿Todos lo mismo?
– Si, todos lo mismo. Decidamos la salsa y listo. Vamos con la cuatro quesos – gritó Totin desde la otra punta
– Cuatro quesos son los que probaste vos en tu vida, ratón – le dijo Braulio
– Dale Braulio, ¿vamos con esa? – ni se enganchó Totin
– Si
– ¿Papota?
– Dale, for chisis – intentó en inglés Papota. Es que, desde que tomaba clases estaba insoportable – ai lob de sals… ¿se dice “sals”?
– No sé si se dice sals, pero seguro que se dice “bolud” cuando se habla de vos – le tiró Braulio
– Bueno, dale… vamos con esa – se decidió el Loro
– Llamemos al mozo… ¡MOZO! Traete tres porciones de ñoquis a los cuatro quesos.
– Sr. Ministro – se escuchó de pronto que le decían al Loro

El loro se dio vuelta y ahí estaba Lucrecia, su secretaria.

– ¿Qué pasa, Lucrecia?
– Tienen que volver… hoy es 29…
– Tiene razón… – nos miró a todos, uno por uno, y nos dijo – Muchachos, hay que volver… hoy cobramos así que volvamos, nos quedamos media hora y venimos de nuevo a comer. Además, ya son las dos y a las cuatro tenemos el partido contra el otro ministerio… ¿vamos?
– MOZO, aguantame los ñoquis que volvemos en un rato – le dijo Braulio -Y, si tenés lugar, aguantame esta.
– ¿Hacía falta eso, Braulio? – le dije
– No, no hacía falta. Pero tampoco hacía frío y yo vine con el sobretodo así que es lo mismo
– Aguantá los ñoquis que los ñoquis van y vuelven – se rió Papota, el subsecretario del ministerio
– Vos reíte que el presupuesto te lo va a aprobar Magoya – lo bromeó Totin
– Que… ¿Ya firmó Magoya para tu lista? – le dije yo mientras salíamos
– No querido, no – me respondió Totin mientras me pasaba la mano por el hombro – Magoya es presidente.

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3 comentarios en “Los ñoquis del 29

  1. Juaaaaaaaaa
    Buenísimo.

  2. muy bueno señor!!!!!!!!
    jaajajajajajajajjaja

  3. Terrible querido. Tenes que publicar un libro con cuentos y ocurrencias. Quien te dice…

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