Retocame que me gusta

Hay modelos que lo piden como condición. Hay grandes artistas que sin él, y aún a riesgo de parecer una exageración, no pueden vivir sin su magia digital. Es más, dicen los que saben que este artilugio se inventó cuando mi tutor Sigfrido Ciendedos necesitó retocar la foto de su madre que había muerto de risa.

Parece que la señora estaba en su clase de canto cuando le tocó interpretar una canzonetta italiana (¿de dónde será sino siendo una canzonetta?) que le demandaba gran caudal. Tanta fuerza hizo para cantar que en el medio del grito final, se le escapó una flatulencia que sonó a un trombón húngaro afinado en mi menor.

Ella, sorprendida por el sonido que emanó su humanidad, siguió cantando haciendo ritmo con el pie izquierdo al tiempo que seguía con el trombón y su canto italiano.

La profesora, incrédula, miraba la situación sin entender lo que sucedía. De a poco, comenzó a seguir la canzonetta aplaudiendo mientras decía “y vá, y vá, y vá”.

En el preciso instante del vibrato final, un loro entró volando por la ventana y se le metió en la boca a la madre de Sigfrido. La dama, atragantada, tosió escupiendo al loro quien, seguramente sin entender qué estaba pasándole, salió despedido y pegó en la frente de la profesora que cayó sentada sobre una bandejita de tres cuartos de masas finas que le había dejado el alumno anterior.

Meri Cris Mas de Ciendedos entró en un ataque de risa al ver la situación. Tan repentino fue este súbito estallido que se le desprendió la dentadura postiza y se la tragó. El premolar de marfil se le clavó en la garganta impidiendo el paso del aire causándole la muerte.

Sigfrido no tenía fotos de su mamá así que tuvo que usar la que le sacaron los peritos cuando llegaron a la casa de la profesora de canto. Así como estaba la foto que le dieron no le servía, entonces tuvo que recurrir a sus amigos de la casa de computación de la esquina, al lado de la panadería de Pepe Matusa.

Ellos, utilizando el fotoyop, dejaron a Meri como nueva.

Y de eso se trata todo esto: del Fotoyop. Ese programita para la computadora que hace las delicias de cuanta modelo ande por ahí en busca de fama. Pero la fama cuesta. Y ahí es cuando hay que pagar. Con sudor. Y con otras cosas.

Porque lo barato sale caro. Y si usted no tiene plata para pagar a alguno que sepa usar el Fotoyop en serio, deje la foto como está. Sino, mire lo que le pasó a Jessica Simpson (una cantante de USA) que por ahorrarse unos mangos le pidió a su primito que limpiara de la foto a ese novio molesto al que ya le había colgado la galleta.

Parece que el primito no la tenía muy clara porque le hizo esto:

me pareció ver una linda manito...

Que pelandrún, ¿no?

Mâx


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