El que busca, ¿encuentra?

samorost.net

Durante mi clase de Yoga Austrohúngara, mientras me conectaba con mi yo superior, me tocaron el hombro. Era un amigo en común que tenemos con mi yoguiman quien me susurró al oído: “Todavía no puedo salir del laberinto”. Yo pensé que él se refería a la intrincada filosofía del yoga. A ese conectarse con cada ser interior lo que lo tenía amarrado, maniatado cual matambre casero (sin rusa).

“Ya podrás desentrañar tus misterios, querido compañero” le dije mientras con mi pie izquierdo tocaba mi oreja derecha  “encontrarás el camino que debas encontrar, o no encontrarás nada” finalicé.

Él se paró con sus manos y, cabeza abajo, replicó “Lo que yo quiero encontrar es la salida, el punto de partida hacia un camino mejor”.

Ahí fue cuando me asusté. Porque sonaba más a un discurso suicida que a la filosofía oriental. Me incorporé lentamente, vértebra por vértebra. ¿Por qué la gente del yoga nunca está apurada? Siempre todo es despaaaaaaaaaaaacio, pensando cada movimieeeeeeeeeeeeeento, cada respiración es un movimieeeento. Yo se lo digo: si tiene que ir al baño de pronto, el yoga no es para usted.

Cuando terminé de pararme, mi amigo ya no estaba. No lo ví irse porque en yoga todo es con los ojos cerrados… Entonces apagá la luz, yoguiman.

Decidí salir de allí raudo y veloz. De pasada la secretaria de mi yoguiman me detiene y, con una sincronía que haría palidecer a cualquier integrante del Cirque du Soleil, me entrega un ultimatum para que pague el mes en curso, un sahumerio y una nota de mi amigo.

Esa nota tenía una dirección web. Entré y recién allí comprendí a qué se refería con lo del laberinto y la salida y toda la pelota esa que yo, nuevamente, malinterpreté. Me encontré con un sitio-juego que ganó el “Oscar” de Internet del año al mejor juego. Aunque eso no quiera decir nada, le digo que no está nada mal. No quiero obligarlo pero yo ahora me encuentro en una encrucijada letal. No puedo terminarlo.

Así que lo invito a que le pegue una miradita. Porque por más que no le gusten los jueguitos en la computadora, éste vale la pena por lo bien hecho que está.

Para irse de parranda, es simple: haga click acá y chau picho.

Lo dejo con sus laberintos. Yo ya tengo los míos. Y un sahumerio.

M*a*x

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