El Tolo

Pocha,

Estoy esperando en el bar a que llegue el Tolo porque habíamos quedado en encontrarnos a tomar un cafecito. Viste cómo es el Tolo, ¿no? Siempre llega a todos lados tarde. Como aquella vez que tenía que darle sangre al padrino de Goronzola porque lo operaban y llegó después de la operación. Goronzola no le dijo nada ni se quejó. En parte porque Goronzola es mudo pero también porque se le complica comunicarse con el Tolo. ¿A quién no? El Tolo es muy testarudo y no entiende de razones. ¿Recordás cuando él insistía con que no era alérgico a la lechuga y, tozudo como pocos, sólo comía ensalada de lechuga? Terminábamos todos en la salita de emergencias del centro comiendo sanguchitos de miga. Pero él insistía: “Me bajó la presión porque no cené”. ¡¡¡ Por favor !!!

La cuestión es que el Tolo se puso de novio con Mariela Titofrío. ¿Sabés quién es? La hija de Martita, la profesora de estenografía. Se cuenta que Martita se casó con Mario Titofrío de apuro. Estaba apurada porque el tren a la costa salía a las siete y Titofrío había llegado tarde a la iglesia. El pobre cura apenas pudo empezar la ceremonia que Martita ya se había dado vuelta y había empezado a caminar en dirección a la puerta. Dicen que el cura les hizo poner los anillos en el andén con el tren en movimiento. Mariela, la hija, sacó de Martita lo único que valía la pena: su camperita de cuerina azul perla. Anda de acá para allá pavoneándose y el Tolo no pudo resistirse. Los Titofrío no aceptaron la relación de entrada. Más bien la aceptaron de salida porque Martita y el Tolo se van a casar. ¿Qué me contás? Es casi increíble. Anteanoche estuve en el club jugando a la generala con Juancho y él me contó la nueva. Me dijo luego de volcar el cubilete:

–    ¡Escalera servida!
–    Pero Juancho… tenés dos unos, un tres, un cinco y un seis. O sea: nada. Si querés te pongo dos al uno y tiro yo.
–    No no… tiro de nuevo. A ver… ¡Full servido!
–    Juancho… perdoname pero hay dos tres, un uno, un cinco y un seis. ¿Qué te anoto?
–    Nada, tiro de nuevo. ¿Sabés quién se casa?
–    Ni idea… ¿quién?
–    ¡Poker Servido! ¡Qué grande! El Tolo se casa. Con Marielita Titofrío se casa.
–    ¿Poker? ¿Con un uno, dos cincos, un cuatro y un seis? Decime qué te tacho mejor…
–    ¿Seguro? ¿No es poker servido? Pucha digo… a mi nunca me vino nada servido. Siempre mi vieja me lo dijo. Tachame la virola.
–    ¿Virola dijiste? ¿Qué juego es ese?
–    ¡Que se yo!

Juancho es un buen muchacho pero se complica jugar con él a cualquier juego. Siempre le decimos con los pibes del bar que debería terminar sus estudios. O más bien empezarlos porque no pasó del jardín. Y eso que es inteligente el Juancho ¿eh? Inteligentísimo… pero un poco vagoneta. La cuestión es que ahí nomás me enteré de que el Tolo se nos casa.

Y hablando del casamentero… ¿dónde se metió? Ya me comí dos tostados con un submarino y un café mitad y mitad y no aparece. Mirá que hora es… por suerte aprovecho y te escribo. Porque durante la semana estoy como loco con los entrenamientos. Ya estamos en las finales barriales gracias al Tolo. Estábamos perdiendo contra Balancines Unidos de Tesei y nos quedábamos afuera cuando el Tolo, que se había quedado dormido en las gradas, se despertó porque alguno gritó algo. Si hay algo que a él le molesta (vos lo sabés muy bien) es que lo despierten cuando está durmiendo. La cuestión es que nuestro amiguito le pegó un roscazo al gritón y se armó tal desbarajuste que el partido se suspendió y nos lo dieron por ganado. Así que pasamos a las finales.

¿Vos como andás? ¿Por dónde andás, Pochi? Contá che que se te extraña por el barrio. Desde que te fuiste el viejo lo único que hace es preguntar por vos. “Pocha, Pocha… ¿Dónde carajos está Pocha?” dice.

Bueno Pocha, ya se hizo tarde y me voy a ir yendo porque el Loro me está esperando en la esquina para ir a dar una vuelta en mateo por la plaza. El Tolo no vino pero seguro que fue porque él siempre llega tarde a todos lados. Yo creo que así no va llegar a ningún lado… bah, si llega se va a quedar solo porque no va a haber nadie. Porque él llega tarde… ¿entendés? Entonces no hay nadie cuando llega. Porque llega tarde.

¡Uy! Ahí está entrando… mejor que no me vea porque si me ve se me pone a charlar y es insoportable. Después de todo estoy esperando hace una hora. ¿Qué hago? Aprovecho y sigo escribiendo así parezco ocupado. Ya sé…

Acá estoy de nuevo. Te estoy escribiendo escondido abajo de la mesa porque no puedo creer que llegue a esta hora. ¿Qué se piensa? Ay Pochita, Pochita… ¿por dónde andarás? Todavía me acuerdo cuando papá te trajo en esa cajita de zapatos. Eras tan chiquitita y peludita que no parecías el gran danés que te convertiste con los años. Yo le voy a dar esta carta a Don Cosme, el veterinario, para que te la de si te ve. Desde que te le escapaste al Tolo no te volvimos a ver. Es que él te había dejado en la plaza y volvió tarde a buscarte. Porque él siempre llega tarde a todos lados. No le importa nada. Ya se va a quedar solo… porque siempre llega tarde. ¿Entendés?

Bueno, ya me está doliendo la espalda y la otra vez que me escondí acá abajo, el bar cerró y me tuve que quedar todo el fin de semana encerrado. Así que me voy yendo.

Estés donde estés, vayas donde vayas, acordate de que te extrañamos.

Paco

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