Al pan, llámelo pan. ¿Y al rengo?

Hoy hay pulpo !¿Dónde habrán quedado aquellas milanesas con papas fritas doble caballo? Quizás perdidas detrás de los escalopines de lomo con finas hierbas o posiblemente escondidas debajo de un wok caliente de emoción.

Dígame la verdad, ¿no añora un buen plato de ñoquis de papas con tuco y carne? Porque ahora, en esta era gourmet, ya nada es lo que supo ser.

Que lindo sería ir a un restaurante a comer y que los mozos se acuerden del pedido como sucedía con aquellos gallegos que se acordaban de todo y sin tomar nota. En estos tiempos es más fácil conseguir un taxi un día de lluvia torrencial antes de que estos niños devenidos en mozos recuerden tan solo las bebidas de dos comensales. Y ni se le ocurra pedir algo un poco más sofisticado como por ejemplo un agua con gas porque está totalmente perdido. La parte buena de todo esto es que, para trabajar en estos nuevos “restós”, estos muchachitos y muchachitas deben como norma saber escribir ya que toman nota para todo. “¿Una gaseosa?, como no señor… déjeme ver… esta birome que no escribe… ¡ahí está! ¡escribe! ¿qué me había pedido, señor? Ah si… una tortilla surprise, ¿no es así? Ya se la traigo”.

Anteanoche fui a comer a un nuevo lugar cuyo nombre, debo reconocerlo, de entrada me asustó: “Diábolo Amaretto”. Finalmente era una pizzería. Entonces, ¿por qué no llamarla “Pizzería Amalia” o algo por el estilo? Sin tanta… poesía. ¿“Diábolo Amaretto”? ¿Y eso por qué? ¿Qué daño habrá sufrido en su vida el dueño? ¿Qué tipo de comida uno espera encontrar en un lugar con ese nombre?

Otro tema para discutir es el nombre de los platos. ¿Qué nos pasó? ¿Dónde quedó la simpleza de un flan con crema? ¿Qué fue lo que transformó una ensalada de frutas en un “torbellino tropical”? Es comprensible y entendible que todo esté inventado, pero deberían existir ciertos límites. El otro día me invitaron a cenar y me encontré en un brete al tener que elegir entre un colchón de suaves hojas de papas y una chernia cubierta con virutas de nuez de macademia. Me he encontrado en situaciones donde el mozo (ya hemos cubierto este punto pero… ) me miraba extrañado cuando yo le pedía un simple licuado de banana con leche. Todavía recuerdo la mirada perdida de un comensal al ordenar un “arroz salvaje con ave reposada en mar de tormento” y encontrarse con un clásico arroz con pollo y tuco.

Para terminar, ¿no extraña esa dulce sensación de comer sentado a la mesa como sucedía hace cinco minutos? Porque en la nueva etapa culinaria es mas factible que usted termine comiendo fideos con salsa mixta (obviamente “pasta enamorada” o algo así) en un sillón bajo a un metro de una mesa ratona que disfrutando de un bife con ensalada mixta en una mesa como quien fuere mande. Desde comer pulpo a la gallega acodado en una suerte de barra multimedia con tenedores bidentes (no videntes aunque…) hasta estar en una cama intentando saborear una exquisita sopa, todo vale. Y ni hablar de una cena romántica porque… ¿quién puede hablar o tan siquiera pensar en algunos espacios con música que, en algunos casos, hace sangrar los oídos? No los voy a aburrir con el tema de la luz (o de la falta de ella) porque sería entrar en un callejón sin salida. Hay gente que hasta ha perdido su pareja en medio de esa “oscuridad romántica” que impide ver más allá de sus ojos.

Las modas rigen, es cierto, pero lo que me pregunto es si no estamos frente a un extráño fenómeno en el que un simple palmito con salsa golf se convierte en “furioso cogollo atormentado en salsa movediza”. La única verdad es que, a la hora de alimentarse, lo único válido son las ganas de comer. No breguemos por un mundo de aceite recalentado, no marchemos a la plaza mayor luchando por comida de mala calidad. Pero sí reclamemos por tener espacios tradicionales, con comida, atención, precio y luz tradicionales. Porque para francés, está el pan. Y los franceses.

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2 comentarios en “Al pan, llámelo pan. ¿Y al rengo?

  1. Jajajaja. Genial y 100% de acuerdo!. Una vez fuí a un restoran y leí gnnochis en el poético menú y resultó que eran ñoquis de papa… tremebundo.

  2. Genial. Quiero añadir una sola reflexión: la comida, ahora, viene muy explicada por el chef. Mientras se excita describiendo las sensaciones de vista, tacto, emocion cromática etc. (nunca habla del SABOR), que tenés que percibir, se te pasa el hambre. Y en tu cabeza una empanada empieza a tomar forma como objeto de deseo inmediato. El chef se reira, y ay! solo aparece una porción como para un bebé de sorbete de ostras con pure de peras y wasabi.

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